A través de la obra que tuve la oportunidad de publicar el año pasado con el apoyo de la Universidad del Valle, hice un recorrido por las etapas históricas de Florida desde sus orígenes hasta la actualidad, desmitificando en cierta forma aquellas versiones que siempre se han considerado desde los relatos populares y de la tradición oral que como he mencionado en otras oportunidades, carecen de bases fiables o comprobables para considerarlos como una historia oficial, fue por ello que acoplando diferentes crónicas del siglo pasado como investigaciones históricas recientes, pude concluir que: Nuestro pueblo si bien se dice que fue fundado, lo más correcto sería mencionar que tuvo un proceso de creación en el cual participaron más de dos ciudadanos junto a sus familias que se habían establecido en tierras que eran jurisdicción de la ciudad de Caloto, mucho antes de 1825 como los Varona, Bedoya, Echeverri y otros más de diferentes orígenes étnicos como criollos, mestizos, pardos, montañeses, libertos y esclavos, que dieron origen a nuestra localidad en el siglo XIX.
Junto a estos
pobladores, la Iglesia también tuvo un papel destacado en nuestros orígenes,
puesto que primero se creó la parroquia en 1826, antes de ser establecida la
población como centro urbano antes de 1835, por la fragmentación de los globos
indivisos como el del Pedregal donde se halla la cabecera urbana, como lo bien
lo expresaba el historiador Mauricio Zúñiga; aunque en los últimos años se ha
reconocido por parte del gobierno local al 22 de septiembre como fecha de
aniversario municipal.
Aún hay quienes
suelen confundir el actual bicentenario parroquial con el segundo centenario
municipal, del cual restan aun varios años; mientras que en esta misma
declaratoria de 2018, se destacó que el 13 de junio era solo la fecha de su
patronato es decir de San Antonio de Padua, celebrada cada 13 de junio; aunque
si fuésemos justos con la documentación de época, la fecha real de su
aniversario debería celebrarse cada 1° de julio, cuando el gobierno caucano creó
el curato de Perodias, que es la verdadera fecha de surgimiento de nuestra
localidad, con independencia o autonomía administrativa, respecto de su antigua
jurisdicción es decir Candelaria y desde sus inicios perteneciente al cantón de
Palmira.
Un segundo aspecto
que destaqué en mi obra, fue el de dar fundamento a fechas que se habían
citado, sin documentación al respecto, entre ellas la de su elevación a la
categoría de distrito, lo cual solo fue posible hasta el 22 de enero de 1864,
mediante la ordenanza 1ª de la provincia de Palmira, en la que se le otorgó
entre otros la categoría de villa, lo que permite suponer que, para entonces la
antigua parroquia, mereció de acuerdo a su población y desarrollo un mayor
grado de autonomía, durante la época federal de los Estados Unidos de Colombia.
Para este mismo año,
se conformó su primer Concejo y se eligió a su primer alcalde distrital Manuel
María Bedoya, aquí se comprueba cómo fueron los descendientes de las primeras
familias y otras que llegaron luego, quienes asumieron cargos civiles y judiciales como Cornelio Quintana y
Apolinar Obregón, quien fue uno de los ciudadanos que participó en el
surgimiento de Pradera en 1867, que fue creada con la categoría de aldea con
tierras que antes pertenecieron a los distritos de Palmira y Florida
respectivamente y en el caso local, se fijaron sus límites por el sur mediante
el río Párraga como se conserva hasta nuestros días.
Dentro de la
publicación mencionada que fue el anhelo no solo personal, sino del Centro de
Estudios Históricos y como un homenaje a sus gestores, quedan aspectos todavía
por investigar y completar en archivos de España, América Latina y Colombia,
puesto que aún es muy poco lo que se ha podido conocer sobre el periodo
prehispánico de la localidad y sus alrededores, que en línea con las
investigaciones más recientes se destaca que si hubo población aborigen
identificada dentro de la cultura Bolo-quebrada seca, a su vez limítrofe con
otras culturas como los Calocotos, Buchitolos y Nasas, estos últimos que hoy se
ubican en la zona montañosa de la cordillera Central; mientras que sobre el
periodo colonial, hay datos más exactos que se han hallado en archivos cercanos
como el de la ciudad de Cali, cabildo que otorgó en su época las tierras de la
otra banda del rio Cauca a prestantes familias de la gobernación de Popayán
entre ellos los Quintero Silva y Sancha Varona, estos últimos que llegaron
posteriormente a la región en mención en el siglo XVIII y los primeros que
figuran como propietarios y algunos de ellos como encomenderos de Candelaria,
entre estos el capitán Cristóbal de Silva Saavedra, esto en el siglo XVII, es
por ello que el Archivo Central del Cauca le ha relacionado con el surgimiento
de Perodias en 1667, aunque lo más correcto con documentación al respecto, es
que fue un año después en 1668, cuando se mencionó por primera vez al llano del
mismo nombre, en las visitas de oidores de la Audiencia de Quito, entre ellos
Diego de Inclán Valdez.
Habría que seguir
consultando los libros de cabildo de este periodo y del siglo siguiente, para
unir a este linaje con don Juan Luis Sancha Varona, quien fue alcalde de Buga y
a quien se le menciona por Mariano Sendoya y otros autores como primer
propietario de la hacienda que dio origen a nuestro pueblo, lo que en parte ha
sido posible comprobar mediante registros eclesiásticos del siglo XVIII entre
ellos los primeros libros de sacramentos de Candelaria, en los cuales se
menciona a la esposa del mencionado Sancha, doña Isabel de Escobar Alvarado en
los primeros matrimonios que celebró el presbítero Lucas de Rojas y Velasco en
la capilla de Santa Rosa en 1736, lo que supone que para entonces ya se habían
construido los edificios de la hacienda, al igual que se habían otorgado sus
tierras a este linaje, en jurisdicción de Caloto.
Otro aspecto
mencionado en mi relato y que aún no se ha estudiado ampliamente es el del
periodo de confrontación de la Independencia, en el que no solo Perodias, sino
también otros sitios hicieron donativos a la causa patriota, entre ellos los
vecinos del Pedregal y Desbaratado, estas referencias junto a las del periodo
colonial, que custodia la Universidad del Cauca en Popayán, deberían ser recopiladas
para completar nuestros orígenes como lo previo al surgimiento de Florida,
ojalá el gobierno local apoyase esta valiosa y ardua tarea académica para bien
de la memoria floridana y la posteridad.
He tratado de ser
sucinto en mi relato, dando énfasis sobre todo a los comienzos y antecedentes
del actual municipio, que se encuentra en el capítulo “Florida y sus orígenes”
de la obra de mi autoría; en una segunda entrega en el mes de octubre, partiré
desde las últimas décadas del siglo XIX hasta el nuevo milenio inclusive,
explicando varios procesos que configuraron la localidad que hoy nos cobija. “Celebremos juntos este nuevo aniversario
aun en medio de nuestras diferencias, destacando el legado de nuestros mayores
y no olvidemos que la tradición y la historia son nuestras raíces, puesto que
sin ellas no tendríamos cimientos, ni identidad como floridanos”.
TORRES ÁLVAREZ
GUSTAVO. Remembranzas de Florida. Editorial Universidad del Valle. Cali, 2024.

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